Nacido para vencer las dificultades

14-07-2017

Las dificultades están para ser superadas. Ese es un lema aplicado hoy día en el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC), y esa es la consigna diaria de Gustavo Benítez, funcionario del MOPC con discapacidad visual.

Imaginen que tienen los ojos vendados. Y todos los días deben caminar 200 pasos hasta la parada de bus, subir a un colectivo y moverse entre 50 pasajeros; luego, deben bajar y subir a otro bus. Tras una hora de viaje, vuelven a descender en el microcentro de Asunción y deben caminar 600 pasos más, cruzar calles, subir escalones y llegar al quinto piso de un edificio. ¿Se imaginan todo esto con los ojos vendados? Pues esta es la rutina diaria de Gustavo Benítez, quién debe sortear estos obstáculos para llegar a la oficina, para dar talleres de capacitación a funcionarios.

Gustavo Benítez tiene 35 años y  hace 13 años su vida dio un giro radical. Tuvo que aprender todo desde cero. En el 2004 asistió con su padre a un partido de fútbol en su ciudad natal, J. Augusto Saldívar, en el Km 26 de la Ruta 1. Todo iba bien hasta que una mala actuación del árbitro provocó un clima de tensión que terminó en una gresca entre asistentes.

Los cascos azules intervinieron y en medio de los ánimos caldeados Gustavo recibió un disparo con balín de goma a la altura de los ojos. La última imagen en su memoria fue cuando lo sacaban del tumulto. Era la última vez que vería la luz y el rostro de sus seres queridos y amigos.

Gustavo pasó un mes en Emergencias Médicas en donde le reconstruyeron los párpados dañados. Luego volvió a su casa, en donde cada centímetro de espacio era un obstáculo infranqueable. Tropezó mil veces. Se desesperó. Lloró. Jamás escuchó tan fuerte el sonido de su respiración. El resto del mundo era negro, como un mal sueño. Ya no volvería a dar clases de música en las escuelas, y creyó que nunca llegaría a dominar el piano, que era su gran sueño.

Así pasaron los primeros dos años. Un día entendió que su ceguera no tenía salida de emergencia y decidió enfrentar al mundo. Alrededor del 2010, ingresó a trabajar al MOPC. Acudió al centro de rehabilitación de la Fundación Santa Lucía. Allí aprendió a leer el mundo en clave Braille, a guiar sus pasos con un bastón blanco y, lo más importante para él, allí conoció a quién sería su pareja, quien también es una persona con discapacidad visual. “Fue amor a primera vista”, bromea Gustavo.

En Santa Lucía recurrió a la tecnología como aliada contra la ceguera. Gracias a las aplicaciones que traen los teléfonos celulares, pudo escribir y manejarse con mensajes de texto y audio. Enseñó a otros ciegos a usar la tecnología para mejorar su comunicación con los demás. Pasó el tiempo y Gustavo creció como persona, gracias a los trabajos que realiza hasta la fecha con la Fundación Transformación Paraguay.

Se repuso ante la adversidad y ahora dicta talleres de capacitación en la cartera de Obras Públicas. Su vida no está exenta de momentos incómodos: “Varias veces terminé en otros destinos, porque me subieron mal en un colectivo; pero nunca voy a olvidar que una vez frente a Salemma (sobre la Avenida Eusebio Ayala, en zona de Fernando de la Mora) hubo una gresca entre vendedores callejeros. Todos corrieron, pero yo  tuve que quedarme en medio del pleito, fue un momento muy incómodo”.

Ahora, sentado en el quinto piso, se acomoda la corbata y casi siempre sonríe al hablar. Al terminar su jornada laboral volverá a la calle a enfrentar centenares de obstáculos con su bastón blanco. Y llegará a su hogar en donde lo esperan su pareja y su pequeña hija Abigail. Entre las un millón y medio de personas que entran y salen de Asunción todos los días, Gustavo parece unos más, pero algo lo diferencia: “Entiendo que la clave está en vencer los obstáculos”, repite relajado.

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